No me digas lo que tengo que hacer: inspírame con lo que haces
Feb 05, 2026Ayer, como cada sábado por la mañana, llevé a mis hijas a sus clases de pádel.
Nada raro, ¿no? Bueno… en realidad sí.
En esta familia el pádel se ha convertido casi en una epidemia silenciosa.
Primero caí yo. Luego mi mujer (que, dicho sea de paso, dentro de poco nos abandona definitivamente por su compañera de pista 😅).
Y ahora, mis hijas.
A la pequeña la dejamos fuera de la ecuación por ahora —solo tiene cuatro años—, pero seamos honestos: es cuestión de tiempo.
Las otras dos ya llevan meses jugando y, por cómo hablan del tema, esto va para largo.
¿Y todo esto qué tiene que ver contigo?
Mucho más de lo que parece.
Si yo me hubiera sentado con mis hijas a decirles:
“Tenéis que jugar al pádel porque es bueno para vosotras”,
no me habrían hecho ni el más mínimo caso.
Cero. Nada. Ni un segundo de atención.
Y aquí está la clave de todo.
No seguimos discursos, seguimos ejemplos
Las personas no cambian porque alguien les diga qué hacer.
Cambian porque se sienten inspiradas por lo que ven en otros.
Mis hijas no empezaron a practicar pádel porque yo las convenciera con argumentos lógicos o beneficios deportivos.
Empezaron porque vieron lo mucho que yo disfruto jugándolo.
Mi entusiasmo.
Mi felicidad en la pista.
Mis ganas de volver a jugar.
Eso fue lo que despertó su curiosidad.
Y una vez entraron… se quedaron.
La inspiración siempre nace de la acción
Nos empeñamos en convencer a los demás con palabras, cuando en realidad lo único que funciona es mostrar con hechos.
Pasa con el deporte.
Pasa con la alimentación.
Pasa con el trabajo.
Pasa con los negocios.
Pasa con la vida.
Muchos de mis amigos practican ayuno hoy en día.
No porque yo les haya soltado un discurso brillante sobre sus beneficios,
sino porque han visto los resultados en mí y en otros amigos que empezaron antes.
Es como ese amigo que no te habla de viajar… pero vuelve con otra forma de mirar la vida.
Sin decir nada, ya te ha vendido la experiencia.
Las palabras convencen poco, los hechos lo cambian todo
No nos convencemos con promesas.
Nos convencemos con resultados.
No con teorías.
Con evidencias.
Por eso la coherencia pesa más que cualquier argumento.
Porque cuando lo que haces y lo que dices van en la misma dirección, no necesitas convencer a nadie.
La gente llega sola.
No quiero convencerte (y eso es lo mejor que puedo hacer)
Y por eso mismo tengo una masterclass donde no intento convencerte de nada.
No hay presión.
No hay discursos vacíos.
No hay promesas infladas.
Solo hechos.
Solo procesos.
Solo resultados reales.
Descubre tu potencial para activar tu marca personal y amar lo que haces
27 €
Mañana lunes sube a 37 €.
No te digo que la compres.
No te digo que la necesites.
No te digo lo que tienes que hacer.
Solo te muestro un hecho.
Conclusión
La verdadera influencia no se grita, se demuestra.
No se impone, se contagia.
No nace de convencer, sino de vivir de forma tan alineada que otros quieran hacer lo mismo.
Así que la próxima vez que quieras que alguien cambie, empiece o se atreva…
pregúntate primero:
👉 ¿Estoy dando el ejemplo que me gustaría que siguieran?
Preguntas frecuentes
1. ¿Por qué convencer con palabras suele fallar?
Porque el cerebro confía más en lo que ve repetido en el tiempo que en lo que escucha una sola vez.
2. ¿Esto aplica también a negocios y marca personal?
Totalmente. La autoridad no se dice, se percibe. Tus acciones construyen tu marca mucho más que tus mensajes.
3. ¿Cómo puedo inspirar sin parecer arrogante?
Si te enfocas en compartir tu proceso y no en presumir resultados, la inspiración surge de forma natural.
4. ¿La coherencia realmente impacta tanto?
Sí. Es el factor invisible que hace que la gente confíe en ti incluso antes de conocerte.
5. ¿Qué pasa si aún no tengo grandes resultados?
No necesitas perfección, solo honestidad. Mostrar que estás en el camino ya inspira a otros.