Me levanto a las 5:30… y no por disciplina, sino por oportunidades
Jan 28, 2026Un domingo, una moto y una decisión que lo cambia todo
Ayer me levanté a las 5:30 de la mañana.
Sí, un domingo.
Y no, no fue para ir a trabajar, ni para hacer burpees, ni para “ser productivo” porque lo dice Instagram.
Me esperaba un día de esos que valen la pena:
ruta en moto, buena compañía y gastronomía.
De esos días que no se planean para descansar, sino para vivirlos.
Porque cuando la ruta es por los alrededores del Monte Agung, simplemente no hay discusión.
El Monte Agung no se mira, se experimenta
El Monte Agung es el volcán que domina la isla y, honestamente, es un espectáculo difícil de describir.
Tiene:
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Zonas desérticas y volcánicas como Black Lava, un auténtico desierto de lava negra.
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Áreas verdes y frondosas donde te sientes dentro de una jungla viva.
Es contraste puro.
Es naturaleza en modo brutal.
Pero aun así, no fue lo mejor del día.
La verdadera ruta no era la carretera, era la gente
Lo mejor, como casi siempre, fue la compañía.
Hace poco conocí a Aldo, un empresario alemán de origen brasileño, viviendo en China desde hace más de 20 años.
Sí, leíste bien. Ese tipo de personas que parecen sacadas de una novela.
Aldo me presentó a Pierr, uno de sus socios en Bali, encargado de gestionar algunos de los proyectos inmobiliarios más grandes y ambiciosos de la isla.
Y como si eso fuera poco, nos acompañaba Agus, un empresario local que convierte en realidad las ideas más locas de Pierr.
No, no esas ideas.
Las de construir lo que todavía no existe.
Donde otros ven paisajes, algunos ven oportunidades
En cada parada —para descansar o simplemente mirar el paisaje— pasaba lo mismo.
Ellos no veían montañas.
Veían posibilidades.
No veían selva.
Veían proyectos.
Y ahí entendí algo que se repite siempre cuando estás cerca de personas que juegan en otra liga:
la forma de mirar el mundo es distinta.
Callar, observar y aprender (mucho)
Cuando estoy rodeado de este tipo de personas, hago una cosa muy concreta:
👉 hablo poco y escucho mucho.
No por timidez.
Por estrategia.
Me interesa entender:
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Qué patrones tienen en común.
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Cómo toman decisiones.
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Qué los hace distintos del resto.
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Cómo piensan cuando nadie los está mirando.
Y, sobre todo, me pregunto:
¿desde dónde puedo aportar yo?
Porque muchas veces no se trata de vender nada.
Se trata de estar.
En el lugar correcto.
En el momento correcto.
¿Levantarse a las 5:30 un domingo es una locura?
Para muchos, sí.
Para mí, lo realmente absurdo es dejar pasar oportunidades así.
Dormir puedes hacerlo cualquier día.
Conectar con personas que expanden tu forma de pensar… no.
4 claves para generar relaciones genuinas (que casi nadie te cuenta)
1. Llega sin intención de vender
Si entras a una conversación pensando en qué puedes sacar, se nota.
Las mejores relaciones nacen cuando no estás buscando nada.
2. Escucha más de lo que hablas
Escuchar es como invertir en silencio.
Cuanto más atención das, más información valiosa recibes.
3. Aporta desde tu posición, no desde tu ego
No necesitas impresionar.
Necesitas ser útil.
A veces una idea, un contacto o una perspectiva vale más que mil discursos.
4. Preséntate donde pasan cosas
Las oportunidades no viven en el sofá.
Viven en experiencias, viajes, conversaciones incómodas y planes que empiezan demasiado temprano.
Conclusión: no era madrugar, era elegir
No me levanté a las 5:30 para ser disciplinado.
Me levanté porque sabía que ese día sumaba.
Sumaba visión.
Sumaba relaciones.
Sumaba aprendizaje.
Y eso, a largo plazo, siempre paga mejor que dormir un poco más.
Preguntas frecuentes
¿De verdad las relaciones son más importantes que el talento?
El talento abre puertas, pero las relaciones te dicen cuáles valen la pena.
¿Cómo empezar a conectar con personas de alto nivel?
Empieza por escuchar, aportar y estar presente donde se mueve ese tipo de gente.
¿Hay que forzar este tipo de encuentros?
No. Se eligen. Y se repiten cuando aportan valor real.
¿Qué pasa si no tengo nada “grande” que ofrecer?
Todos tenemos algo: perspectiva, tiempo, habilidades o conexiones. El valor no siempre es evidente.
¿Vale la pena sacrificar comodidad por oportunidades?
Siempre. La comodidad es cara; las oportunidades, escasas.